Bélgica es uno de los destinos ciclistas más gratificantes de Europa Occidental: lo suficientemente compacto como para cruzarlo en bicicleta en una semana, pero lo suficientemente diverso como para sentirse como dos países completamente diferentes dependiendo de la dirección en la que pedalees. El norte flamenco es ciclismo hecho sin esfuerzo: caminos planos junto a canales, plazas de mercado adoquinadas y una densidad de excelentes cervecerías y tiendas de chocolate que hace que cada parada se sienta merecida. El tour de Amsterdam a Bruges es la travesía definitiva transfronteriza: sigue los senderos de canales holandeses y belgas desde una de las grandes capitales ciclistas de Europa hasta una de sus ciudades medievales más hermosas, terminando en Bruges con una cerveza bien merecida. Las Ardenas en el sur son una propuesta completamente diferente: crestas boscosas, profundos valles fluviales y ascensos que forman parte de algunas de las clásicas de primavera más duras del mundo. Entre estos dos extremos se encuentra un país de ciudades medievales, historia de la Primera Guerra Mundial y una de las mejores gastronomías de Europa.
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